El primer ministro luso, António Costa, dijo este viernes en rueda de prensa sobre el futuro de la aerolínea TAP que, aunque el objetivo a corto plazo será «proteger el empleo que existe en este momento», el plan de reestructuración implicará menos rutas y vuelos y, por tanto, esto afectará al empleo.
Tras las negociaciones de esta semana, el Estado portugués tendrá el 72,5% del capital de la compañía e inyectará una ayuda de 1.200 millones de euros para reflotar a la aerolínea, diezmada por la pandemia de Covid-19.
Para Costa, el esfuerzo que se ha hecho en los últimos días para el control de la gestión de TAP (del 50 al 72,5% del accionariado) ha sido «fundamental», ya que se trata de una empresa clave para «la recuperación del país y de su economía».
De momento, dijo el primer ministro, «ahora es prematuro» hablar de cómo será la gestión que ejercerá el Estado, ya que comenzará un proceso de auditoría.
Costa también insistió en que «no es un problema único de TAP, sino que es global», como ocurre con las aerolíneas de otros países, que también necesitan la inyección de fuertes cantidades económicas para superar la situación de crisis.
TAP emplea a más de 10.000 trabajadores, destina 1.300 millones de euros en compras a empresas nacionales y contribuye con 300 millones a las arcas públicas a través de impuestos y tasas de Seguridad Social.
La pandemia obligó a la aerolínea a paralizar la actividad de sus 105 aeronaves casi por completo: pasó de 3.000 vuelos semanales a sólo 5, todos a las islas portuguesas, y suspendió el contrato al 90% de sus trabajadores.
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